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Un Mundo para Valientes


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Es inútil cerrar los ojos ante las incontables catástrofes que azotan al mundo; algunas producto de la Naturaleza en su indescifrable movimiento, otras hijas de la mente y las manos humanas. Cuando no son terremotos, huracanes, ríos desbordados, son muestras de inusitada violencia, guerras al acecho? En fin, que por no alargar la lista, dejamos en unos pocos ejemplos las muchas situaciones que nos torturan.

Desde el punto de vista de la Filosofía, sabemos que los clásicos han predicado una actitud valiente y positiva en la gente, no quedarse quietos ante el dolor, ni el ajeno ni el propio, sino al contrario, poner en juego las fuerzas de cada uno para paliarlo en la medida en que resulte posible. Y es lo que queremos, lo que tratamos de hacer, aunque no consigamos más que una pequeña parte de lo que se ansía.

Pero a veces, nos asalta el deseo de huir de tanta mentira, fealdad, grosería, desequilibrio. Hay una sed intensa de paz, de belleza, de armonía y muy pocos sitios donde encontrarla. De ahí que se amplíe el reducto interior, ese rincón que nos pertenece y donde, si lo deseamos y sabemos hacerlo, podemos guardar los mayores tesoros. Hay pocos sitios serenos, pero existe en cambio un inmenso jardín dentro de cada ser humano. Y sigue habiendo cientos de cosas hermosas que aquietan el espíritu y permiten recuperar fuerzas.

Cuando todo ruge y parece que vamos a estallar sin lograr entender por qué luchamos ni hacia dónde vamos, todavía brota un sonido, un color, una forma graciosa, una idea profunda, una palabra brillante, un sentimiento generoso, una muestra de gratitud, una flor, un poema, un canto, un templo?
Sin estar en guerra, hoy casi todos vivimos en guerra. El mundo hiere, las sociedades que anhelan el encuentro humano son las que, consciente o inconscientemente, agreden a quienes viven en ellas. Lo más corriente es padecer de angustia, cansancio, ansiedad; y lo peor y asimismo habitual es carecer de palabras para explicar esa ansiedad que nos corroe. No es un problema que afecta a los adultos, a los más comprometidos con la vida; también los jóvenes y los adolescentes están cansados y agobiados aún antes de haber empezado a vivir y temen al futuro que les espera, o lo ignoran bajo otra de las máscaras del temor.

En medio de los conflictos es cuando se valoran las pequeñas cosas, las cosas buenas, sencillas, bellas. En medio del asedio de mil y una agresiones, nada tan maravilloso como el oasis de un libro cargado de experiencias atemporales, un violín que desgrana melodías a través de un moderno aparato que sin embargo nos transporta a tiempos pasados o venideros, pero tiempos tranquilos; una voz que se eleva victoriosa en medio del ruido imponiendo su armonía sonora; un trozo de historia que se hace realidad ante nuestros ojos ansiosos de aprender despertando huecos adormecidos en la memoria.

Pero son instantes fugaces. Son apenas el reposo del guerrero que no sabe por qué está en guerra ni contra quién debe batallar, pero siente que todo bulle alrededor en un espasmo de dolor e incertidumbre. Recobrado el ánimo, el guerrero asume la otra cara del filósofo y vuelve a la acción. Sabe que más allá de sus sufrimientos hay un mundo que sufre más todavía, que hay miles de personas que requieren al menos el alivio de una mano amiga o de una palabra, de una idea reconfortante, de un esbozo de futuro esperanzado. Por eso no hay quietud; sólo la acción del que reconoce la pequeñez de su labor al tiempo que valora su necesidad, la acción del que, tras una dura jornada, abrirá la puerta de su jardín interior y encontrará las exquisitas flores de su breve descanso. Tal vez, algún día, esas flores puedan abrirse en toda la faz de la Tierra.

Delia Steinberg Guzmán


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Información ofrecida por la Asociación Cultural Nueva Acrópolis - Málaga


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