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PEQUEÑA FANTASÍA ORIENTAL


Hace muchos, muchos años, ante un Príncipe se presentó su servidor más antiguo. Tenía la faz demudada, las ropas en desorden y, arrodillado ante el trono, le pidió con voz consternada que en honor a tantos y tantos años de servicio fiel, le hiciese el favor de regalarle su caballo más veloz.
El príncipe le preguntó por la causa de un pedido tan extraño. El servidor responde:
– Señor, es que al entrar a palacio, junto a sus puertas, estaba sentada la Muerte y me hizo unas muecas tan aterradoras, que voy a huir de ella. Estoy muy asustado, y se me ocurre que, con vuestro imbatible caballo, podré llegar en pocas horas a Samarcanda y estar fuera de su alcance.
El príncipe, que debía mucho a este servidor, y que le apreciaba desde el fondo de su corazón, le obsequió su caballo y una bolsa de monedas de oro, y le dejó en plena libertad para partir de inmediato.
Mas luego, habiendo comentado el asunto con sus consejeros, le pareció muy irritante que la Muerte se pasease por las puertas de su palacio asustando a sus viejos servidores. Ciñéndose su espada de enjoyada empuñadura, se dirigió hacia las puertas del palacio a interpelar a la Muerte.
La encontró acurrucada bajo un árbol del jardín, y viéndola le dijo:
– Oh, Muerte, ¿por qué has amenazado con tus muecas y asustado tanto a mi viejo servidor?
Y ésta le contestó:
– Oh, no, Señor. Yo no he amenazado con mis muecas ni asustado a tu servidor. Simplemente me sorprendió el verle aquí, puesto que yo le había citado en Samarcanda...


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Información ofrecida por la Asociación Cultural Nueva Acrópolis - Málaga


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