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Los Cuatro Coroneles de la Reina


Amado Nervo

La reina tenía
Cuatro coroneles,
Un coronel blanco,
Y un coronel rojo,
Y un coronel negro,
Y un coronel verde.
El coronel blanco, nunca fue a la guerra;
Montaba la guardia cuando los banquetes,
Cuando los bautizos y cuando las bodas;
Usaba uniforme de blancos satenes;
Cruzaban su pecho brandeburgos de oro,
Y bajo su frente,
Que la gran peluca nívea ennoblecía,
Sus límpidos ojos de un azul celeste
Brillaban, mostrando los nobles candores
De un adolescente.
El coronel rojo, siempre fue ala guerra
Con sus mil jinetes
O, llevando antorchas en las cacerías,
Con ellas pasaba cual visión de fiebre.
Un yelmo de oro con rojo penacho
Cubría sus sienes;
Una capa flotante de púrpura
Al cuello ceñía con vivos joyeles,
Y su estoque ostentaba en el puño
Enorme carbúnculo ardiente.
El coronel negro para las tristezas,
Los duelos y las
Capillas ardientes,
Para erguirse cerca de los catafalcos
Ya las hondas criptas descender solemne,
Presidiendo mudas filas de alabardas,
Tras los ataúdes de infantes y reyes.
Más cuando la reina dejaba el alcázar,
A furto de todos, recelosa y leve
Cuando por las tardes, en su libro de horas,
Miniado por dedos de monje paciente,
Murmuraba rezos tras de los vitrales,
Cuando en el reposo de los escabeles
Bordaba rubíes sobre los damascos,
Mientras la tediosa cauda de los meses
Pasaba arrastrando sus mayos floridos
Sus julios quemantes, sus grises diciembres,
Cuando en el ensueño sumergía su alma,
Silencioso, esquivo, la guardaba siempre
Con la mano puesta sobre el fino estoque,
El coronel verde...
El coronel verde llevaba en su pecho vivo coselete
Color de cantárida, fijaba en su reina
Ojos de batracio, destilando fiebre
Trémula esmeralda lucía en su dedo,
Menos que sus crueles
Miradas de ópalo, henchidas de arcanos
Y sabiduría como de serpiente...
Y desde que el orto sus destellos lanza
Hasta que en el ocaso toda luz se pierde,
Quizás como un símbolo, como una esperanza,
¡iba tras la reina su coronel verde!


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