La disposición a ayudar, alarga la vida

Esto es lo que sugiere un estudio de la Universidad de Michigan realizado con personas mayores. Los resultados de esta investigación serán publicados en un próximo número de "Psychological Science", muestra que la gente mayor que es solícita y presta a ayudar a otros, reducen su riesgo de morir casi en un 60 % comparado con parejas que ni prestan ayuda práctica ni apoyo emocional a sus semejantes, vecinos o amistades.
"Ayudar en la vida de otras personas puede llevar a alargar nuestras propias vidas", afirma la directora de esta investigación, Stephanie Brown, una psicóloga del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan (ISR), la mayor organización académica de investigaciones y estudios del mundo.
En este estudio, financiado en parte por los Institutos Nacionales de la Salud (National Institutes of Health), Brown analizó datos de 423 parejas de personas mayores, que formaban parte del proyecto del ISR "Cambiando las Vidas de Parejas mayores". Ese estudio se basaba en entrevistas realizadas a parejas de personas mayores, elegidas al azar, en 1987 y que se continuaron los cinco años siguientes, para ver cómo hacían frentes a los inevitables cambios de la vida.
Durante el primer conjunto de entrevistas se les preguntaba a los cónyuges sobre si proporcionaban cualquier tipo de ayuda o apoyo a amigos, vecinos o familiares, incluyendo colaboraciones en trabajos caseros, cuidado de niños, recados o transporte. También se les preguntó acerca de cuanta ayuda podían esperar de sus amigos o familiares si la precisaban. Finalmente se les preguntó acerca de si daban o recibían apoyo emocional a / de su cónyuge, incluyendo el estar dispuestos a escuchar si la pareja lo necesitaba. Durante los cinco años que duró el proyecto, 134 personas murieron. En su análisis acerca de las relaciones entre dar / recibir ayuda y la mortalidad, Brown tuvo en cuenta una variedad de factores, incluyendo la edad, el sexo y el estado de salud física y emocional. Averiguó que las personas que dijeron que no prestaban ayuda a otros eran dos veces más propensas a morir que las que sí que lo hacían. El 75 % de los hombres y el 72% de las mujeres afirmaban que prestaron alguna ayuda a amigos, vecinos o familiares, sin recibir prestación económica por ello, en el año anterior a ser encuestados.
Por otra parte, el recibir ayuda no se pudo relacionar con una reducción del riesgo de morir. "Si es el dar, más que el recibir, lo que promueve la longevidad, entonces las intervenciones tendentes a apoyar y ayudar a la gente deberían ser rediseñadas: El énfasis debería ponerse en propiciar que la gente pueda hacer cosas por los demás", afirma Brown. "En otras palabras, este estudio sugiere que lo que hace benéfico el contacto o las relaciones humanas, no es lo que podemos obtener sino lo que damos."
"Los resultados", afirma, "son consistentes con la posibilidad de que los beneficios del contacto humano estén diseñados, en parte, por las ventajas evolutivas de ayudar a los demás. "Las personas mayores pueden, todavía, incrementar su salud al sentirse motivadas a seguir viviendo y al prolongar el tiempo que dedican a los miembros de su familia. Naturalmente, esta posibilidad se basa en la suposición de que la motivación hacia la auto preservación pueda influir en la mortalidad. De hecho, hay evidencias que demuestran que las personas con "espíritu de lucha" sobreviven mejor al cáncer que aquellas que se sienten indefensas y menos optimistas acerca de sus posibilidades. Ahora parece que pueda afirmarse lo mismo con respecto al "espíritu de dación".
Información ofrecida por la Asociación Cultural Nueva Acrópolis - Málaga
















