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EPICURO.



Si hay un filósofo de la antigüedad que haya sido mal interpretado, al menos entre los que tienen un conocimiento superficial de la Historia de la Filosofía, este es Epicuro, pues muchas veces se emplea el término ?epicúreo? como sinónimo de buscador de placeres sensuales y de comodidades. Aunque la confusión deriva del propio término ?hedoné?, que el emplea, que suele interpretarse como placer aunque el sentido mas exacto sería gozo, su doctrina presenta unos elevados valores morales.

Nacido en Samos, hijo de padres atenienses, su vida (341-270 a.C) se desarrollo esencialmente en la propia Atenas, donde estableció su escuela en el 306 en un jardín. En ella admitía discípulos de todas las clases sociales, siendo muy abundantes las mujeres. El ambiente era de gran fraternidad y estudio filosófico, entendiendo la filosofía no solo como un conjunto de conocimientos y teorías sino esencialmente como un estilo o modo de vida. La filosofía debía servir para acercar la felicidad al hombre liberándolo del miedo y el dolor y permitiéndole descubrir el fácil logro del placer.

ETICA: Epicuro plantea un sistema filosófico basado, en el aspecto ético, en la búsqueda de ese gozo o placer, pero en un sentido muy alejado del común. En primer lugar distingue entre placeres naturales y necesarios, placeres naturales y no necesarios, y placeres ni naturales ni necesarios. Tan solo los primeros proporcionan verdadero gozo o placer al ser humano, y la persona prudente debe huir del deseo de los demás. La felicidad se alcanza mediante los placeres del cuerpo, con tal de que sean naturales, moderados y en calma (el placer estático o en calma sería en realidad privación del dolor y de la agitación, es decir aponía y ataraxia respectivamente), y también placeres o gozos del alma, como los de la amistad o los recuerdos placenteros. Afirma incluso que estos placeres del alma son superiores a los del cuerpo, pues estos tan solo se dan en el presente, mientras que los del alma alcanzan al presente pero también al pasado y al futuro.

En su ?Carta a Meneceo? se expresa de forma excelente su doctrina: ?por ello, cuando decimos que el placer es el objetivo final, no nos referimos a los placeres viciosas- como creen algunos que ignoran, no están de acuerdo o interpretan mal nuestra doctrina- sino al no sufrir dolor en el cuerpo ni estar perturbado en el alma. Porque ni los banquetes ni juergas constantes dan la felicidad, sino el sobrio cálculo que investiga las causas de la elección o rechazo y extirpa las falsas opiniones de las que procede la gran perturbación que se apodera del alma.

El mas grande bien es la prudencia, incluso mayor que la filosofía. De ella nacen las demás virtudes. ( ). Las virtudes están unidas naturalmente al vivir placentero y la vida placentera es inseparable de ellas.

Además de la ética el sistema filosoófico de Epicuro incluía otras dos apartados: la canónica y la física. La CANÓNICA era la regla o procedimiento para obtener un criterio de verdad y por tanto de felicidad. El criterio de verdad es triple, puede ser de tres formas relacionadas entre si: A) Sensaciones. Los objetos externos afectan a los órganos de los sentidos provocando imágenes internas. B) Anticipaciones. De las sensaciones repetidas y conservadas en la memoria surge una especie de imagen general o concepto que es denominada por Epicuro anticipación, y que es evocada por las palabras. C) Sentimiento o afección. El placer o el dolor son la respuesta ante las sensaciones y por tanto la mas eficaz norma de conducta en la vida.

En cuanto a la FÍSICA se inspira en Demócrito, y por ello presenta ciertos matices que suelen calificarse de materialistas porque excluye las fuerzas sobrenaturales e intenta explicar el funcionamiento del mundo según leyes perfectas. El mundo está formado por átomos y vacío y los cuerpos no son sino sistemas de átomos. Como el número de átomos es infinito y el espacio vacío también lo es afirma Epicuro que existen un número infinito de mundos (como el nuestro o diferentes) que nacen y perecen, aunque el Todo es eterno e imperecedero.

Según Aecio el alma para Epicuro sería un mezcla de cuatro elementos: ?fuego? que determinaría el calor del cuerpo; ?soplo vital?, que daría el movimiento y la energía; ?aire? facilitaría el ?reposo? y un ?cuarto elemento? que sería el órgano de la percepción y de la inteligencia. En cuanto a los dioses admite su existencia si bien niega las opiniones comunes sobre ellos y rechaza la religiosidad popular: ? El impío no es el que rechaza los dioses de la multitud, sino el que acepta los caracteres que esta les atribuye?.


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