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El Alma De La Pintura En Roma


José Carlos Fernández

Los romanos afirmaron que su arte pictórico deriva de Grecia y que desde el siglo III a. C. habría ido asimilando sus técnicas y estilos. No poca importancia tuvo en el traspaso de este fuego artístico las campañas militares en Sicilia y en la Magna Grecia; también el Círculo de los Escipiones, filósofos, historiadores y poetas que fueron la corte de Escipión Emiliano, círculo que merecería las alabanzas de Cicerón.

Apeles

El Maestro indiscutible en toda la Antigüedad Clásica Greco- Romana sería, por tanto, APELES, el único pintor por quien Alejandro Magno permitiría ser retratado. Los motivos elegidos por APELES para sus cuadros serían repetidos hasta la saciedad; pues como la Ilíada y la Odisea de Homero, la Eneida de Virgilio o las poesías de Safo, se convirtieron en modelo acabado de perfección de su arte.

Los testimonios griegos y romanos dicen de este pintor que la vida palpitaba en las imágenes fijas en sus lienzos, maderas o paredes. Hasta tal punto, que parecían salirse de la cárcel de lo ancho y lo alto, burlándose de las limitaciones que la Naturaleza impone al común de los pintores.

APELES cultivó preferentemente los asuntos mitológicos y el retrato. Sobresalientes, excelsos e inimitables fueron, por ejemplo, el retrato que en Éfeso hizo de Alejandro Magno, con el gesto de Júpiter Tonante; y del que el mismo rey de reyes diría que había dos Alejandros, el hijo de Filipo y el representado por Apeles. El gesto, la fuerza, la vida tanto palpitaban en otro retrato ecuestre de El Grande, que los caballos reales, al verle, relinchaban. Otros famosos retratos de Alejandro lo representaron en un carro triunfal, otro acompañado de la victoria y otro en que aparecía al lado de los Dioses Cástor y Pólux; todos ellos trasladados al Foro de Augusto para que pudieran ser presenciados por todos los ciudadanos de Roma. Cuenta Plinio que el emperador Claudio cometió la, digamos, impertinencia de sustituir en el cuadro del Carro Triunfal el rostro de Alejandro por el de Augusto.

La obra maestra de Apeles es, sin duda, según el testimonio unánime de griegos y romanos, la VENUS ANADIOMENA, es decir, Venus nacida de la espuma del mar y de ella surgiendo, luminosa y bellísima, y que sería cantada por Propercio en los versos ?in Veneris tabula summan sibi poscit Apeles ( En la tabla de Venus, Apeles gana la cúspide).


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